Si, en vez de yogur a secas, lo toma con Lactobacillus y Bifidobacterium con la esperanza de que esos microorganismos equilibren su flora intestinal, es muy posible que esté haciendo el canelo. La publicidad dice que los productos lácteos probióticos o bio hacen maravillas; la ciencia no lo tiene tan claro. Un grupo de investigadores dirigido por Nathan P. McNulty, de la Universidad de Washington, asegura hoy, en la revista Science Translational Medicine, que el consumo de yogur probiótico no altera la flora intestinal. Vamos, que no sirve para nada de lo que se dice en la publicidad.

McNulty y sus colaboradores han puesto esa afirmación a prueba en un experimento realizado con ratones manipulados genéticamente para tener flora intestinal humana y un grupo de jóvenes gemelos humanos. Roedores y jóvenes consumieron durante cuatro semanas yogur con Bifidobacterium animalis lactis, dos cepas de Lactobacillus delbrueckii bulgaricus, Lactococcus lactis cremoris y Streptococcus thermophilus. Los científicos analizaron la flora microbiana de ratones y humanos antes, durante y después del consumo de yogur, y no encontraron en ningún caso cambios de especies o genéticos en las comunidades de microorganismos. Sí descubrieron, no obstante, que en los ratones la ingesta de productos lácteos con bacterías provoca cambios en las enzimas involucradas en numerosas rutas metabólicas de los microbios, con especial incidencia en las relacionadas con los carbohidratos, lo que, señalan, abre nuevas vías de investigación sutiles e inesperadas.

“La razón fundamental -no manifestada por los autores del artículo, pero es lo que justifica su trabajo- por la que comer yogures con Bifidus no sirve para nada, en las personas sanas, estriba en que el colon es un nicho ecológico totalmente ocupado por las bacterias intestinales de uno mismo. A las nuevas, no les dejan instalarse. Faltaba más. Ésta es una de las razones fundamentales de que las bacterias intestinales, simbiontes y coevolucionadoras con nosotros desde antes de separarnos del antecesor común con los chimpancés, son imprescindibles: nos protegen de las infecciones porque no dejan que los patógenos se instalen. A una persona cuya flora intestinal haya desaparecido -como tras un tratamiento prolongado con antibióticos-, un yogur con bacterias le sirve para recuperar algunas de las perdidas mientras se restablecen las originales. Para esto se inventaron los yogures enriquecidos. Lo demás es marketing“, sentencia José Carlos Pérez Cobo, profesor de Fisiología Humana de la Universidad del País Vasco y miembro del Círculo Escéptico.

El investigador alavés destaca cómo algunos yogures diminutos con Bifidus se venden en nuestros supermercados “a precio de oro” y siempre se ha dicho que “comer yogur es sano”. “¿Qué quiere decir que comer yogur es sano? ¿Qué no te envenenas? ¿Qué aumenta la cantidad de salud? ¿Cómo se mide eso? «Es que son naturales», suelen responderte. ¿Añadiéndoles microbios?”.

Fuente original : http://blogs.elcorreo.com/magonia/2011/10/26/bifidus-activos-para-nada/

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